Rejuvenecimiento facial de cine

La expresión “rejuvenecimiento facial” es la fórmula actual de un deseo tan viejo como el ser humano. En realidad sería la parte estética en la búsqueda de la fuente de la eterna juventud. Quizá parecida a la Fuente de Cacho de Santander. Y hoy día el rejuvenecimiento estético no es parte pequeña de ese deseo; para algunos es la principal. Pero los dermatólogos no separamos la estética de la salud.

Se suelen leer distintas palabras que formulan el mismo deseo: antienvejecimiento o anti-aging, desacelerar el envejecimiento, rejuvenecimiento, biogerontología, prolongevidad. Pero los deseos es mejor que pasen por el filtro de la razón, primero para conocer bien qué queremos y porqué lo queremos, y luego para entender en qué medida es posible satisfacerlo. 

Razonar, pues cuando un deseo parece poder ser satisfecho se engendra una ilusión. Y la ilusión es fácil presa para los fraudes. Evitemos a cuantos exageran la utilidad práctica de un avance científico para crear un negocio alimentado en esa ilusión de rejuvenecimiento facial.

“Razonar, pues cuando un deseo parece poder ser satisfecho se engendra una ilusión. Y la ilusión es fácil presa para los fraudes” 

Rejuvenecimiento facial y dermatología estética

Es comprensible la controversia ética que discute si se puede considerar al envejecimiento como una enfermedad, o es más bien un proceso natural que no deberíamos intentar combatir. Pero lo cierto es que existe una medicina dedicada a envejecimiento, con una finalidad más amplia que el rejuvenecimiento facial. Digamos que el aumento de la expectativa de vida obliga una “gestión del envejecimiento” para el bienestar integral. 

Prudencia avisa que no debería ser tratada de cualquier manera la piel de la cara. Por ello, el deseo de mejorar la estética facial ha de encauzarse a buscar un buen asesoramiento. También en Santander el dermatólogo es el profesional al que acudir cuando existe una preocupación por el rejuvenecimiento facial. Pues la valoración médica es necesaria, la cara no es una simple fachada a mantener.

La dermatología estética ofrece técnicas sin cirugía que consiguen mejoras que no resultan llamativas a nuestro entorno, pero que logran un resultado favorecedor. El tiempo no puede retrasarse, cómo lo consigue el cine, pero la dermatología puede ayudar a sentirnos bien con nuestra edad.

El tiempo no puede retrasarse, cómo lo consigue el cine, pero la dermatología puede ayudar a sentirnos bien con nuestra edad.

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La película El irlandés. Truco y tiempo

Hemos tenido el privilegio de ver en cine esta película que las políticas de exhibición han destinado, casi exclusivamente, a las pantallas domésticas —El irlandés solamente se proyecta en unas pocas salas del país—. Obviamente, es sentado en una butaca de cine, y por razones fisiológicas, la única manera de disfrutar un producto de tres horas y media.

Obviamente, es sentado en una butaca de cine, y por razones fisiológicas, la única manera de disfrutar un producto de tres horas y media

El irlandés, de Martin Scorsese, nos ayuda a pensar sobre el tema de este post, porque en su producción se emplearon técnicas digitales para rejuvenecer las caras de los actores protagonistas. Actores ya ancianos (de Niro, Al Pacino, Joe Pesci) pudieron así interpretar personajes varias décadas más jóvenes . Era preciso, pues la historia transcurre en un dilatado periodo, y muchos temas que surgen de la película tienen que ver con el paso del tiempo. Veremos aquí bastante vejez y envejecimiento. 

El caso es que siempre se hablará del rejuvenecimiento facial al hablar de esta película, no porque esté en su argumento, sino porque el espectador advierte que se emplea un artificio al que no está acostumbrado. Incluso provoca una indeseada distracción, lo cual es un problema de este novedoso efecto especial, al menos mientras siga siendo novedoso.

De lo viejo a lo nuevo

Una primera consideración sobre vejez y rejuvenecimiento, nos puede servir de base para analizar esta película: deberíamos reparar en la edad de su autor, en sus 77 años. Pues la  vejez en plenas facultades de Scorsese hace posible que los espectadores disfrutemos de mucha sabiduría cinematográfica. Y del arte y del oficio de este señor mayor que, cuando era joven, rompió el cine americano de los años sesenta. 

Pero me parece que ahora Scorsese ya no quiere romper nada. Esta película no es en absoluto rompedora. Y muchos saldrán del cine diciendo que no han visto nada nuevo; puede que sea verdad en muchos sentidos, aunque no en otros. Vamos a buscar lo nuevo que nos trae el viejo Marty, ya que nos obliga a sentarnos 210 minutos ante una película tan inequívocamente suya.

Vamos a buscar lo nuevo que nos trae el viejo Marty

Yo creo encontrar novedad precisamente en lo que es más viejo de todo, en “el acto de matar” (gran título de aquella película de Oppenheimer). Ese acto ya no es aquí el que veíamos en sus otras películas gangsteriles, como Casino o Uno de los nuestros. En ésta, el asesinato mafioso resulta conciso, frío y desnudo en plano general. Pero tal acto llega cargado de un antes y un después.

Así, la película transmite una carga de tensión en la fría conducta asesina del ejecutor, ya desde que sale de su casa familiar para desempeñar su “trabajo” de pintar paredes. Una lograda tensión que no es simple suspense, sino una suerte de estrés ambiental. Es lo que sentimos ante la barbería o en el restaurante donde se va cometer un crimen, quizá una tensión moral. Aunque esta tensión no se reconoce directamente en el protagonista, pues el rostro inescrutable y su comportamiento sociopático dejan sentado que el Irlandés no es propenso a plantearse problemas morales. Puede que no sea totalmente nuevo en el cine de Scorsese, pero este abordaje del crimen separa a esta película de las anteriormente mencionadas.

El asesinato, una de las bellas artes, sirve para más de un género

Gusta Scorsese de los recursos de la comedia para desarrollar las situaciones. Y en la comicidad con que se viste el gran aparato criminal mafioso, la violencia entra casi como una coreografía. Es la marca de la casa, y sabemos que su baile macabro no parará una vez que ha comenzado. Esto no es contradictorio con lo dicho en el anterior apartado. Ocurre que la violencia sirve para cierta comedia en un nivel, y para el drama en otro.

Veremos el asesinato como solución definitiva a cada uno de los conflictos que van sucediéndose en la dinámica del crimen organizado (incluso solución al problema que suponía para algunos la presidencia de Kennedy). Y como otras de gangsters, la cinta va de “solución” en “solución” hasta llegar al problema final. Pero existe en esta película una perspectiva que resulta fundamental: el asesino profesional llega a la vejez. Y, ya en la vejez, este Irlandés es el narrador de la historia. Así, la película parte desde ese momento, que es el momento “del problema final”.

la cinta va de “solución” en “solución” hasta llegar a problema final.

Un conflicto final al que llegamos cuando ya todos los demás problemas de su vida hace mucho que han desaparecido, e incluso han sido olvidados por todos. Entonces, el viejo mafioso nos cuenta su historia, y Scorsese nos la muestra en varios niveles que son el sustrato de esa existencia. La violencia aparece en todos ellos. En un nivel se nos presenta la vida del Irlandés inserta dentro de la historia general, la de los Estados Unidos, desde la guerra mundial a los 60. Otro nivel es el de su vida familiar, y en el último y más profundo nivel encontramos, en primer término, al individuo en sí.

Tres tiempos y tres niveles

La estructura fundamental de la película permite que la narración delimite tres tramos temporales distintos. Ello es posible gracias a la estructura del guión de Zaillian, que ya nos tiene acostumbrados a su maestría para la narrativa épica (La lista de Schindler, Gangs of New York o Exodus) 

Primero tenemos el momento presente, con el protagonista, anciano, que nos cuenta la historia. Y luego están los flashbacks que desgranan el curriculum vitae mafioso del Irlandés, desde su iniciación bajo la protección del jefazo local (un grandísimo Pesci). Hay, además, otro intervalo de tiempo que se enfoca en narrar un momento, ya hacia el final de su carrera, que resultará crítico, con los personajes en un viaje de destino incierto. Así, la película alterna, mediante flashbacks, tres tiempos distintos (dijimos que el rejuvenecimiento facial de los ancianos actores era imprescindible).

Creo que esos tres tiempos distintos (ni no se presentaran fragmentados podríamos tener tres películas), se corresponden con los tres niveles vitales (sociedad, familia, individuo). Y, además, corresponden a tres niveles temáticos en los que que también vamos de más lejos a más cerca. Primero, la biografía dentro de una época, podríamos decir que supone la relación del hombre con la Historia. Luego, con la narración de la intimidad de esa vida, se plantea la relación con los semejantes (así, resulta crítico confrontar al protagonista con una de sus hijas). Por último, encontramos la desnudez de la relación con uno mismo y con lo que haya dentro de uno.

El Irlandés es un personaje que aparece en todos los fregados, pero si en uno de los niveles lo vemos arrastrado por la corriente de la historia, en otro nivel queda claro que es protagonista de la misma. Y que sin sus acciones la historia hubiera sido distinta.

Qué clase de hombre hace eso. (Atención: viene un poco de «spoiler»)

Seguramente para los autores (Zaillian, Scorsese) supuso una decisión clave poner esta línea de diálogo hacia el final de la película, “qué clase de hombre hace eso”. Es una frase que el protagonista confiesa en privado y causa sorpresa, incluso puede resultar discutible. 

Podría pensarse, a la ligera, que resulta excesivo para lo que a esas alturas hemos llegado a esperar del impenetrable protagonista. Pues lo habíamos asumido ya como emocionalmente mudo o incapacitado para expresar tal cosa. Pero si hemos precisado tanto metraje de película para conocer al personaje, es que no era sencillo de entender. Quizá sea demasiado catártico, y demasiado explícito, pero es evidente que el final quiere significar a la película, al menos en uno de sus niveles. 

No iré más allá. Dejaré para los polemistas dilucidar si al fin quedan justificadas plenamente esas tres horas y media de viaje, que nos hacen más viejos, también a los espectadores

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