Polen en Cantabria 2015
Hoy hemos facilitado una información mediante rueda de prensa en el Comité de Aerobiología de la Sociedad Española de Alergología, en Madrid. En cuanto al polen en Cantabria 2015 (más…)
Dermatólogo. Alergólogo. Estética-----Igualatorio--C/Castilla 10, Bajo. Santander, Cantabria. PIDA CITA


¿Qué vemos en un herpes labial? Me pregunto si una imagen, señal de leve enfermedad, puede ser también signo cinematográfico de hondura. Cuestión que me remite a los misterios del herpes en el labio.
Esto viene a propósito de las películas de Andrei Tarkovski, materia que procura tanta abundancia que nuestro breve artículo solo podrá detenerse en parte muy circunscrita, casi anecdótica. Pero si el diablo está en los detalles, también pueden estarlo otros ángeles (para el epitafio de Tarkovski escribió su mujer: “El hombre que vio al ángel”).
El buen cine atrae por el misterio, incluso desde las cosas pequeñas. Y aquí, como otras veces, vamos de lo muy particular, una minucia en la piel, al orden general. Abrimos el foco. Y procurando brevedad, solamente tres cositas vamos a decir de la “misteriosa” infección por herpes. Luego, tres apuntes sobre los misterios del herpes en las películas de Tarkovski. Y al final presentaremos someramente sus tres películas con herpes en el labio.
La intriga que suscita el herpes labial la podemos formular en tres misterios. Los tres cobran distinto sentido según los encuadremos dentro del terreno de la biología o en el del arte. Empezaremos por repasar cómo pueden ser resueltos los tres misterios de herpes en el labio si nos quedamos dentro del campo de la medicina. Y luego, ya un asunto muy distinto será salir a intentarlo husmeando en las películas de Tarkovsky.
Comúnmente la primera pregunta que nos hacemos es ¿por qué en el labio? Realmente este virus está adaptado para infectar dos tipos de células: primero las células de las mucosa, produciendo el daño que es visible (las vesículas), y luego también infecta neuronas del sistema nervioso periférico, pero esto no lo vemos.
En estas neuronas el virus queda en una fase de latencia, durante la que el virus se replica de manera incompleta, sin producir síntomas y sin producir virus infecciosos. Es un periodo muy variable con el virus “adormecido”, hasta que se reactiva para volver a producir de nuevo daño en la mucosa del labio y replicarse en virus que sí son infecciosos.
El virus del herpes en el labio se llama virus del herpes simple (VHS), y hay dos tipos, el VHS-1 y el VHS-2. El herpes labial es causado con mucha más frecuencia por el VHS 1. Ambos virus también pueden producir herpes en la mucosa genital, pero en este caso la causa es mucho más frecuentemente el VHS-2 –También hay que decir que dentro de la amplia familia herpesviridae hay otros seis tipos de virus que causan enfermedades en el ser humano. Y cada uno de ellos causa una enfermedad distinta, pero no esta lesión en el labio.–
Por lo general, la enfermedad por herpes simple en el labio es muy leve. Pero el VHS puede causar, excepcionalmente, enfermedades en otras localizaciones, potencialmente graves; y ocurren más cuando la inmunidad es deficitaria. Así, además del herpes genital, el VHS también puede causar eczema herpético, afectación ocular, e incluso es causa de meningitis o encefalitis. Igualmente reviste gravedad la diseminación del herpes en los recién nacidos.
Misteriosos, porque no los vemos, son tres ocultos fenómenos en los que hay alguna forma de comunicación que implica al VHS:
– Es importante saber que el contagio se produce por relación estrecha entre personas: por el contacto directo con las mucosas o con secreciones infectadas. Más raro es que se produzca a través de gotitas de saliva a distancia.
– Solamente puede infectar una persona cuando el herpes está en la fase activa en el labio (pero como en algunos casos la fase activa puede ocurrir sin daño aparente en la mucosa, el herpes simple puede ser contagiado por una persona asintomática).
También misteriosa es la percepción del tiempo que nos produce esta enfermedad. Parece jugar con nuestra nuestra expectativa de que una infección tenga un principio y un fin. Con el herpes no es posible un final: hay principio y repetición.
La razón de esto reside en el paradigma activación-latencia del herpes (replicación lítica-replicación latente). Este fenómeno es común a la familia de virus del herpes. Pero en el caso del virus del herpes simple, la infección es persistente: el genoma del virus se integra en el núcleo de las neuronas, y las neuronas, como sabemos, nos duran para toda la vida. Con realismo, hemos de reconocer que hoy en día no existe un tratamiento curativo de la infección por VHS.
El ciclo de activación-latencia no es solamente resultado de las características particulares del patógeno. También ocurre a causa de su interacción con nuestro sistema inmune, que consigue durante un tiempo que el virus no se reactive. Sin embargo, cuando hay un fallo momentáneo de la inmunidad, o el virus consigue evadir estas defensas, se vuelve a activar.
Así, el misterio de la aparentemente caprichosa temporalidad del herpes labial se explicaría por su latencia en el sistema nervioso, y por el equilibrio-desequilibrio de la contención por el sistema inmune. Desequilibrio que es causado por fiebre, alteración hormonal, estrés o radiación solar ultravioleta.
Resulta sugerente cómo la interacción de un virus con nuestras neuronas estimula la apreciación del tiempo: una suerte de falsa memoria. Y ya que mencionamos a la memoria, otro asunto muy distinto, pero también fundado en la neurovirulencia del herpes, es la posible implicación del VHS en la enfermedad de Alzheimer. Aunque se van produciendo avances, es mucho lo que queda por conocer de esta posible relación. Y podría ser, este otro misterio, uno de los más relevantes a los que se haya enfrentado jamás la medicina.
MERCUTIO:
Sobre los labios de las damas, que con besos sueñan:
estos labios, empero, suelen irritar al hada Mab, que los plaga de ampollas,
porque exhalan aroma a golosina
(Shakespeare. Romeo y Julieta, acto primero)
Después de regalarme un nuevo visionado de todas, he descubierto que hay tres películas de Tarkovsky con personajes que muestran, brevemente, un herpes en el labio. Esto podría pasar casi inadvertido en películas tan densas en recursos visuales, pero su repetición en tres de los siete largometrajes de la filmografía de este director (sus películas segunda, cuarta y sexta) me ha picado la curiosidad.
No creo que se haya abordado antes esto del herpes en el labio, pues son otros los motivos que destacan más, y hay muchas otras reiterativas imágenes que resultan enigmáticas en las películas del director ruso. Películas que incluyen incluso algunos notables signos dermatológicos, como el mechón blanco en el cabello (poliosis) de los protagonistas de Solaris y Nostalghia. Pero quiero pensar que el casi desapercibido herpes en el labio algo nos querrá decir.

Como la gota refleja las nubes y los árboles, así refleja la imagen artística el universo (Andrei Tarkovski) (1)
Siempre resulta intrigante una erupción súbita y caprichosa. Parece magia, y nos traslada a una dimensión de fantasía y de ensueño. Como eminente ejemplo de tal impresión tenemos las precedentes líneas de Shakeaspere. Pero en las tres películas de Tarkovski no se trata de fantasía. Encontramos, con realismo, el herpes en los labios de niños o personajes muy jóvenes, en situación de vulnerabilidad, y su cualidad de señal relega lo azaroso.
Una señal, es decir, un índice, según Pierce que definió los signos como índices, iconos o símbolos. Tarkovski se manifestaba enemigo de los símbolos, pues su cine buscaba atrapar la vida, no construir una simbología (dijo, “La vida expresa la vida, no simboliza otra cosa” (1)). Luego, índice o icono habrá de ser el herpes labial.
Pero no entendamos signo tal como en la medicina clínica, que busca los signos para determinar un diagnóstico concreto –en medicina, al signo más puro, casi imposible, se le llama patognomónico, que es el que señala específicamente una enfermedad en vínculo unívoco–. Muy al contrario, en un mundo poético ha de reinar la polisemia.
Por consiguiente, la lesión en el labio no puede plantearse como una señal unívoca en estas películas, y menos aún cuando estos filmes no ofrecen una información explícita acerca de los personajes que la presentan. Lo cierto es que aparecen revestidos de una dignidad misteriosa y, sin aclarar nada, las imágenes de Tarkovski dan una gran densidad a su presencia, por corto tiempo caracterizada con el herpes. El signo en el labio nos parece que marca cierta conexión de la inocencia con una verdad, sugerencia de algún vínculo sobrenatural (y todo ello dentro de la realidad). Aunque aquí la prudencia me impide escribir la palabra “estigma”.
En la vida real las palabras, las más de las veces, no quieren decir nada, pocas veces y por poco tiempo coinciden palabras y las acciones, las palabras y los hechos, las palabras y el sentido. (Andrei Tarkovski ) (1)
Tarkovski frecuentemente deja mudos a algunos de sus personajes. Un mutismo tan importante en la Durochka de Andrei Rublev (y el mismo Rublev hace a partir del capítulo VI un voto de silencio) como en el niño de Sacrificio o la hija mutante del Stalker. Y precisamente encontramos el herpes en la boca de personajes sin habla, temporal o permanentemente –aunque la breve aparición del niño con herpes en Nostalgia parece la de quien dice sus primeras palabras: lo vemos mientras hace una decisiva pregunta–.
Así, encontramos un punto que señala al más carnal órgano del lenguaje, precisamente cuando este no es posible. Un punto en boca, un punto de sutura. Una boca que calla ante lo que no puede decirse con palabras, si la única elocuencia posible es la no verbal. De nuevo, la prudencia me refrena antes de asociar al herpes una palabra: “inefable”.
La conservación del tiempo… usando la realidad, pues el tiempo es realidad (Andrei Tarkovski) (1)
Tarkovski, como escultor en la cuarta dimensión, trabaja con el herpes en dos niveles. Uno es el presente del hecho, inserto en el flujo del tiempo, cual fijado en un haiku, y otro la memoria. Como señal del tiempo, el herpes marca la boca de los personajes en un momento muy determinado de su historia, y además sabemos que el herpes reaparece cuando algunas condiciones (la agitación, la fiebre…) provocan una especie de repetición del tiempo, sobre la que no tenemos control. Luego, con el herpes también estamos viendo una rememoración.
La calentura en el labio nos enfrenta a una memoria punzante e incontrolable, que sucede por el fundamento fisiopatológico de la neurovirulencia del herpes. Así, como signo, solapa el acontecimiento actual y el recuerdo. Precisamente esta es la sustancia de la película El Espejo: un desarrollo de la memoria sin linealidad, la coexistencia de momentos distintos, que se agolpan en la memoria (y en El Espejo el herpes labial lo presentan dos personajes, dentro de un flujo temporal)
Digamos que, en la temporalidad de Tarkovski, esta coexistencia de duraciones son la realidad porque, si “el tiempo es realidad”, la memoria es realidad. También ahora me suscita cautela terminar por concretar esto como una especie de “eternalismo”.
Era niño y enfermé
de hambre y de miedo.
Me muerdo las costras
de los labios y las lamo
y aún sé su sabor: frío y salado
Poema de Arseni Tarkovski, citado por Andrei Tarkovski en el libro Esculpir en el tiempo (2)
SANTIDAD LOCA Y MUDA
La película Andrei Rublev es un formidable friso de la Rusia medieval. Bajo la apariencia de ver la historia de este país, descubrimos en realidad la presencia del espíritu de Rusia. De ahí que sea una película indispensable para entender a la gran nación, perpetuamente desgarrada entre sus esclavitudes y la fe para volar, hacer sonar una campana o pintar a Dios.
De sus ocho capítulos, es en el capítulo V (El juicio final) la parte de Andrei Rublev en que vemos a Durochka, la loca sagrada, con herpes en parte derecha de su labio superior. Durochka vuelve a aparecer en los capítulos VI y VII, pero ya sin costras en la boca.
Esta visión del herpes en el labio puntualiza al personaje de Durochka. Conduce a que nos centremos en la boca para valorar su mudez y desvalimiento. La función narrativa parece menos importante que la expresiva. Pero es la presencia de esta santidad loca y dolorida (se denominaba yurodivy en Rusia a las personas consideradas como locos sagrados) el detonante de una decisión artística en el pintor protagonista del filme.

CALENTURA EN EL FRÍO RUSO
Nos asomamos a esta película por la fascinación que producen sus imágenes y sonidos, aunque resulte difícil entender mucho de primeras. Esta dificultad es menor si damos una pequeña ayuda para ver El Espejo:
Hemos de saber que está compuesta por una serie de recuerdos del protagonista. Recuerdos de acontecimientos y de sueños e imaginaciones, acerca de la relación entre sus padres y de la suya con su exesposa y con su hijo. Ciertamente, el tiempo de cuanto sucede es el de tres generaciones de rusos, mas hemos de entender que se presenta con los recuerdos mezclados sin orden temporal, que el tiempo se difumina.
Como creación poética, la película deriva por el diseño visual preciosista y la estructura en rimas, que son su tejido conectivo. Y los espejos nos guían. Pues los protagonistas repetidamente ven reflejadas sus imágenes, y las de los demás. Tenemos a la reflexión del espejo como parte de los recuerdos, y a los recuerdos y a los sueños, que actúan como espejo. Y precisamente hay un recuerdo en El espejo que es el que nos a llevado a hablar de esta película.
Es el recuerdo que evoca el niño Aleksei al ver su imagen reflejada, una rememoración en la que el herpes en el labio es clave. Se nos había dicho, hacia la mitad de la película, que durante la instrucción militar que se daba a los niños, durante la segunda Guerra Mundial, hubo una fijación del Aleksei niño por una chica pelirroja, que frecuentemente tenía heridas en el labio, y que también le gustaba al instructor militar. Solo brevemente aparece un primer plano, en escorzo desde la izquierda, de la pelirroja sonriente. Es casi la misma composición de La joven de la perla de Vermeer y, en lugar de perla, el complemento denominador del retrato es un herpes en el labio (ver la primera imagen de este artículo).
No volverá a aparecer esta chica en la película hasta mucho después, cuando se presente ese recuerdo que tuvo Aleksei ante su propia imagen reflejada, imagen en la que vemos que entonces era él quien tenía un herpes en el labio. El recuerdo que se evoca es enigmático e inquietante: presenta a la chica pelirroja, también reflejada en un espejo, el de un armario que alguien cierra. Ella está agachada, calentándose en una estufa, pero ahora no está sonriente y no tiene herpes en el labio; y en la habitación en que está se ve de espaldas a un hombre. El recuerdo deja apesadumbrado a Aleksei. Es cuanto podemos saber.
Una rima especular, los dos chicos con herpes en el labio; son recuerdos y recuerdos del momento en que hubo un recuerdo. Pero en El espejo, el herpes labial tiene una función más narrativa que en las otras películas; quizá por eso Tarkovski manifestó alguna vez (2) que había llegado a arrepentirse de la secuencia en la que aparece este segundo recuerdo (aunque nada mencionó acerca del herpes).
Las costras en el labio también dejaron memoria en el poeta Arseni, padre del cineasta (“aun recuerdo su sabor”). Mas sabemos que no solamente son memoria, también son presente repetido, intempestivo, que las lesiones reaparecen súbitamente en el mismo sitio. Y quien nos ha enseñado a ver al virus del herpes simple como metrónomo de la memoria es Andrei Tarkovsky, el orfebre del tiempo.

INOCENTE IGNORANCIA, NO CONOCER EL FIN DEL MUNDO
Nostalghia, humedecida película que discurre entre difusas nieblas y, sobre todo, agua concreta, pero también entre destellos de fuego. Cuando dos gotas de aceite se funden en una sola unción, en el hogar lleno de charcos, la misión ya no es solamente salvar a la familia, sino a todos.
En Nostalghia es muy breve la aparición de un personaje con herpes en la boca: un niño pequeño suelta la pregunta “¿es este el fin del mundo?” En una escena de pocos segundos, poco después del sueño o recuerdo en blanco y negro, con Domenico siguiendo a dos pasos la carrera de su hijo. El niño que aparece con la lesión herpética en la boca, en esta corta escena ya en color, es el mismo, y podemos suponer que interroga a Doménico, ante un paisaje con el acantilado de la medieval ciudad de Calcata.
No sabemos por qué aparece ahora todo esto, pero poco después se nos muestra el desalojo de la familia de Domenico, a la que tenía encerrada en casa, por miedo al fin del mundo. El herpes nos ha focalizado en la boca de quien plantea una cuestión con la verdad de la inocencia. Y surgen los misterios del herpes labial en una lacerante interpelación por la imagen (y sus detalles).

1- Tarkovski A. Atrapad la vida. Lecciones de cine para escultores del tiempo. 1 Ed. Rebón M, Mateo F, Trad. Madrid: Errata naturae editores; 2017
2- Tarkovski A. Esculpir en el tiempo. 14 Ed. Banús E Trad. Madrid: Rialp; 2017
HAIKU:
Esta mañana
volvió el espejo a mi labio
plaga de pupas