Cremas naturales o contranaturales
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El prestigio de consumir productos naturales

“Lo natural es mejor”. Pocas ideas han tenido tanta fortuna para popularizarse, pero ante este razonamiento también son naturales algunas preguntas: ¿Este pensamiento tiene base científica, o se trata simplemente de cuestión de fe? ¿La creencia vino flotando en corrientes ideológicas ecologistas, o más bien siguió los cauces de intereses comerciales que aprovechan el prestigio de consumir productos “naturales”? Aquí trataremos el asunto únicamente en lo que concierne a los productos cosméticos para aclarar preguntas más concretas:¿Son los tratamientos y cosméticos “naturales” dignos de tal nombre? ¿es mejor recurrir a productos naturales para el cuidado de la piel?¿Tienen también riesgos las cremas naturales?

Los cosméticos naturales

Todos empleamos cosméticos, pues como productos cosméticos están definidas, según el reglamento Europeo, las substancias con destino al contacto externo con el cuerpo con una finalidad de limpieza, de perfumar, de cambio de la apariencia o de protección (jabones, dentífricos, cremas, fotoprotectores…)(1). La denominación “cosmético natural” tiene un significado impreciso que abarcaría desde un producto con una procedencia exclusivamente natural (vegetal, animal, marino o mineral), a productos que simplemente cuentan en su composición con un ingrediente natural pero el resto son de obtención por síntesis química.

Natural en otro sitio

Pienso que para hablar de “cosmética natural” el primer paso debería ser replantearnos si es verdaderamente natural el procedimiento de aplicar productos a los que la naturaleza no había destinado para que fueran aplicados a nuestro organismo; si es natural aplicar extractos vegetales en la piel o las mucosas. Los productos puede que sí sean naturales, pero la acción de ponerlos en contacto con nosotros de manera sistemática (eso es lo que hacen los cosméticos) puede resultar un grandísimo artificio.

¿Los cosméticos naturales son naturales?

Incluso cuando los componentes principales de un cosmético son de origen natural, estos han precisado una transformación física o química que los “desnaturaliza”. Además, en su composición un producto para aplicación tópica suele contener aditivos químicos, por muy natural que quiera ser denominado. Estos aditivos son necesarios para que se conserve. En otro artículo trataremos sobre los conservantes, pero adelantaré aquí que si están bien seleccionados no son dañinos, y su beneficio a la humanidad es y ha sido inmenso. Pero el caso es que también por estas razones podría cuestionarse el marchamo de “natural” de la mayoría de estos productos.

composición de las cremas naturales y cosméticos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Lo natural es lo conveniente?

Dejando aparte si lo que llamamos natural es verdaderamente natural, nos interesa saber si estos productos de extracción natural tienen también riesgos y si son mejores o peores que otros que no disimulan su procedencia de un laboratorio petroquímico. Pondré como punto de partida el caso de un simpático producto natural, un clásico entre los productos vegetales empleados en la cosmética: el musgo del roble (en realidad es un liquen: Evernia prunastri). Su buen olor y su procedencia de los bosques de nuestras montañas lo hacen candidato perfecto como producto “natural” que evoca todas nuestras fantasías sobre los beneficios de la naturaleza. ¿Y cuál es el problema?: que es la principal causa de dermatitis por alergia a fragancias, que a su vez es la principal alergia de contacto a los cosméticos (2).

Y precisamente para evitar un problema producido por este componente natural (aunque ya dije que dudo que sea muy natural proceder a aplicar en nuestra piel un derivado del liquen que crece en los bosques de las montañas), se buscó la ayuda de la química: si se depurara a la esencia del musgo del roble de las principales moléculas alergénicas se reduce en gran medida las reacciones alérgicas que causaba. En este caso, cuanto menos natural, mejor.

 ¿Qué cremas naturales pueden producir alergia?

Lo cierto es que muchas substancias naturales tienen una potencial capacidad sensibilizante. La posibilidad de alergia a compuestos naturales incluye algunos muy populares y ampliamente difundidos: el aceite del árbol del te, la familia de  las plantas compuestas (desde la manzanilla al cristantemo), el aloe vera, el aceite de geranio, la lavanda, la henna, el propóleo, la centella asiática, la colofonia…(3)

Los problemas de causa alérgica que pueden producir en la piel los ingredientes naturales son la dermatitis de contacto alérgica, la urticaria de contacto y un tipo de alergia, la fotodermatitis, que se produce con la interacción con el sol del producto aplicado en la piel.

Otros problemas causados por las cremas naturales

Pero no solamente pueden causar problemas alérgicos; las cremas y compuestos naturales son causa potencial de intolerancias cutáneas de tipo irritativo, algunos pueden causar o empeorar el acné (como ocurre con el aceite de rosa de mosqueta), y otros perjudicar a las personas que padecen otras enfermedades dermatológicas como la dermatitis atópica (4).

¿Los ingredientes origen vegetal hacen algo bueno?

Tenemos que recordar que además de utilizarse en la cosmética, los ingredientes vegetales (botánicos) se emplean como tratamiento de enfermedades cutáneas. Existen pruebas de que algunos derivados vegetales son efectivos en el tratamiento de enfermedades cutáneas inflamatorias, enfermedades de los anejos, queratosis actínicas, algunos tienen capacidad microbicida y otros utilidad para el cuidado de heridas. Podemos mencionar la utilidad de la Mahonia en determinados casos de psoriasis y el tratamiento  con hipérico y con glycyrhiza para algunos casos  dermatitis atópica. Pero solamente para algunos pocos compuestos existen ensayos clínicos controlados que permitan recomendarlos (5). Para aceptar un tratamiento los estudios clínicos deben exigirse a estos productos e la misma manera que a todos los medicamentos. Un producto que se recomiende para tratamiento debe tener garantizada su calidad, eficacia y seguridad.

 Así, ¿elegiremos naturaleza o química para nuestra piel?

Lo cierto es que tanto la extracción de procedencia natural como la síntesis química nos proporcionan un arsenal de componentes con utilidad como cosméticos y como complemento para el tratamiento de las enfermedades cutáneas. Pero en ambos casos la dermatología ha de sopesar si son suficientemente efectivos y seguros. Seguridad y efectividad que no se garantiza simplemente con la denominación “natural”.

REFERENCIAS

1.- Reglamento (CE) nº 1223/2009 del Parlamento Europeo y del Consejo del 30 de noviembre de 2009, publicado en el Diario Oficial de la Unión Europea del 22/12/2009

2.- Schnuch A, Lessmann H, Geier J, Frosch PJ, Uter W Contact allergy to fragrances: frequencies of sensitization from 1996 to 2002. Results of the IVDK. Contact Dermatitis. 2004 Feb;50(2):65-76.

3.- Corazza M, Borghi A, Gallo R, Schien d, Pigatto P, Lauriola MM, et al. Topical botanically derived products: use, skin reactions, and usefulness of patch tests. A multicentre Italian study. Contact Dermatitis 2014; 70(2): 90-7

4.- Silverberg JI, Lee-Wong M, Silverberg NB. Complementary and alternative medicines and childhood eczema: a US population-based study. Dermatitis. 2014; 25 (5): 246-54

5.- Reuter J, Merfort I, Schempp CM. Botanicals in dermatology: an evidence-based review. Am J Clin Dermatol. 2010; 11 (4): 247-67

 

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Sobre Dr Valentín De Benito

Trabajar en lo que me gusta es un privilegio del que soy consciente. Una coherencia guía mi trayectoria profesional en la dedicación a las enfermedades de la piel. Trayecto que en el ejercicio médico me ha conducido por actividades y lugares diversos, pero unidos en el territorio cutáneo. En esta página web y en su blog el dermatólogo reúne contenidos de interés, de lo epidérmico a lo más interno.

2 Comments

  1. Marina

    Buenas tardes. Estoy probando productos de origen vegetal con desigual resultado. Compré una crema que llevaba:
    Caléndula officinalis (planta fresca) 20 g.
    Hypericum perforatum (planta fresca) 10 g.
    Achillea millefolium (planta fresca) 10 g.
    Ledum palustre TM 1,5 g.
    Pulsatilla TM 1,5 g.
    Excipiente: vaselina c.s.p. 100 g.(es una pena usar plantas con buenas propiedades y uno utilizar manteca de karité, aceite de oliva, cera alba, etc. en vez de vaselina).
    No obtuve ningún resultado significativo usándola para un brote de dermatitis atópica (también hay que mencionar que desconocíamos que había alergía a la leche y el niño tomaba helados y otros lácteos todos los días) sin embargo fue espectacular el resultado que obtuve utilizándola en unas grietas en los talones (en menos de dos días desapareció el dolor).
    Ahora probaré con un oleato de hipérico.
    Los resultados con corticoides son inmediatos y su efectividad incuestionable pero me da la sensación de que cada son más frecuentes los brotes y eso me hace pensar en que, de alguna manera, el corticoide es “pan para hoy y hambre para mañana”.
    También pienso que hay una tendencia a pensar que hay productos milagro universales: se pone de moda el aloe vera, el argan, la rosa mosqueta… y todo el mundo lo recomienda para todo (con lo que escuece el aloe cuando hay un brote atópico…). No se si habrá alguna normativa que regule el sector de los herbolarios y tienda de cosmética natural porque, en ocasiones, vemos al frente de estos negocios personas con una formación insuficiente.
    Afortunadamente hay sellos de calidad que garantizan el origen de los componentes (dependiendo del que lleven podemos saber el porcentaje de producto natural que debe llevar o de producto ecológico). Los cosméticos “naturales” vienen respaldados en muchos casos por ellos y por el control de un laboratorio. Algunos se testan en hospitales. Ya sabemos que “en todas partes cuecen habas” y que hay productos que han sido elaborados por personas con más voluntad que cualificación pero también hay grandes marcas que nos ofrecen buenos productos, adecuados para cada necesidad: SQM, para bebes, sin perfume, veganos…
    Lo triste es que se puede usar la palabra “natural” sólo con que llevé una cantidad minúscula de un producto que lo sea y lleve una barbaridad de componentes químicos que pueden perjudicar (-eth y peg-). Alguien debería tomar cartas en el asunto para que no se puedan usar tan a la ligera denominaciones que inducen a pensar que el producto es inocuo (al igual que se reguló el uso del termino bio).
    Yo estoy interesada en utilizar algún gel sin tanta química agresiva (sodium laureth sulfate, entre otros) pero la publicidad nos ha bombardeado con el famoso “ph neutro” que no es el ideal para todos los tipos de piel. ¿Cuál es el ph más apropiado para una piel que, en ocasiones, puede presentar brotes de dermatitis atópica? Es para un niño y el aspecto de su dermatitis es de un pequeño aunque molesto sarpullido en rodillas, corvas, etc.
    Gracias.

  2. Dr Valentín De Benito

    Estimada Marina:

    Muchas gracias por tu comentario.
    Una de las ideas que pretendía transmitir cuando escribí este post era destacar cómo algunos conceptos están firmemente asentados en las costumbres de consumo, y se aceptan de manera acrítica, pero muchas veces encubren falsedades o medias verdades interesadas. Ningún extremo es bueno, y tampoco lo es buscar lo natural al 100%, pues ni suele ser posible, ni tampoco suele ser conveniente (hay “químicos” que cumplen menor su función y son más seguros que los componentes “naturales”). Y en última instancia todo es química; somos química.

    La formulación es una ciencia, de la que se ocupan los farmacéuticos, y sus complejidades son las que suelen aconsejar utilizar vaselina en el caso que mencionas. No deberías tener reparos con la misma: aunque derivada del petróleo, es un magnífico vehículo. Tampoco deberías tener reparo a los tratamientos con corticoides tópicos, siempre que sean prescritos con un uso juicioso por el médico. La corticofobia es otro de las rémoras inspiradas por las tendecias “naturistas”

    Aciertas plenamente en muchas de las consideraciones que haces. Tienes razón al señalar que existen modas en la popularización de productos; en salud nunca debería haber “modas”, solamente prescripciones respaldadas por pruebas científicas. Y también tienes toda la razón en que hay que pedir claridad en la legislación, en las denominaciones y en la cualificación exigible a los que se dediquen a estos temas. En el ejemplo que pones has comprobado que unos productos pueden funcionar en algunas circunstancias (bien para la piel de tus pies, pero mal para la piel de un niño), y es una buena enseñanza la que se deriva de ello: hay que individualizar tratamientos atendiendo a todas las circunstancias.

    En cuanto a la pregunta de qué producto emplear para un niño con algunas alteraciones cutáneas, habría que conocer y explorar al paciente, pero algunas cosas sí se pueden decir. En las fases agudas de dermatitis no conviene abusar de los productos (ni cremas, ni geles…), sino confiar en las indicaciones de los especialistas. En cuanto al pH, ciertamente, esta es otra de las modas y mitos: el término “neutro”. Frecuentemente conviene respetar el pH de la piel, que no es neutro, sino ácido.

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